Cuentos de Ningo

Cuentos cortos

Miercoles 22 Feb 2012
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Home Cuentos de Ningo Dialogando con Alberdi

Dialogando con Alberdi

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alberdi juan bautista¡Hola Juan! que gusto encontrarte!, te andaba buscando para preguntarte sobre algunos temas que me inquietan.

- ¡Hola Miguel! es un placer verte. Vos sabes que estoy a tu disposición y podes preguntarme lo que te plazca.

-  Sabes viejo,  aunque le doy vueltas y vueltas no entiendo este asunto de la política

- Mira Miguel, el primer deber de la política será el mantenimiento y conservación de la  Constitución. Es el culto de la honradez y de la buena fe, la política clara simple de los hombres de bien y no la política doble y hábil de los truhanes de categoría.

- Claro Juan, claro, pero como me podes explicar la tan mentada civilización política.

- Miguel, la civilización política  de un país está representada por la seguridad de que disfrutan sus habitantes, su barbarie consiste en la inseguridad o lo que es igual, en la ausencia de libertad de ser desagradable al que gobierna sin riesgo de perder la vida, el honor, los bienes.

- Todo bien Juan pero los que gobiernan y muchas veces nos someten con rigor han sido individuos elegidos por el pueblo con sensatez.

- Amigo, ¿Pueden ser llamados sensatos los que entregan sus destinos de ciudadanos y de padres de familia a un puñado de pillos? ¿Pueden ser sensatos los que se dejan gobernar por locos y truhanes?

- No voy a negarte Juan que se aceptan muchas decisiones que se asemejan a resoluciones de dictaduras extravagantes para mantener la paz, para evitar conflictos.

- Nada que ver, la paz sólo viene por el camino de la ley. La Constitución es el medio más poderoso de la pacificación y del orden. La dictadura es la anarquía constituida y convertida en institución permanente

- Sucede Juan que cuando acudimos a la justicia en reclamo de nuestros derechos afectados por decisiones arbitrarias, nos topamos con sentencias irrazonables que ratifican el acto de gobierno contrario a derecho.

- Querido Miguel, La propiedad, la vida, el honor, son bienes nominales cuando la justicia es mala. No hay aliciente para trabajar en la adquisición de bienes que han de estar a la merced de los pícaros. La Ley, la Constitución, el gobierno, son palabras vacías si no se reducen a hechos por la mano del juez que, en último resultado, es quien los hace ser realidad o mentira

- Bueno pero al menos podemos vivir en libertad.

- No sé Miguel, la verdadera libertad, es la libertad libre, es decir no monopolizada en provecho de uno sólo -hombre, clase o partido-. Ella, la libertad auténtica, como el Evangelio, dice al hombre libre “Ama la libertad de tu semejante como tu libertad misma."

- Coincido con vos Juan, realmente admito que tus afirmaciones traducen una claridad poco común. Ahora bien ¿Cómo se logra un gobierno independiente y libre?

- Miguel,  la independencia y la libertad consisten en el gobierno del país por el país, pero la porción del país que en vez de gobernar por sí se deja gobernar por la menos digna y capaz, abdica su libertad en peores manos que si fuesen extranjeros.

Abdicar su libertad, no es abdicar una actitud superflua, abdicar su libertad es abandonar su parte de poder en la gestión y gobierno de sus intereses de familia, de ciudad, de patria. Es abandonar las garantías y seguridades que protegen su honor, su dignidad, su fortuna, pues esas garantías no consisten en otra cosa que en los derechos y facultades que tiene de intervenir en la formación del gobierno, en la dirección de la política, en las grandes determinaciones relativas a la paz, al impuesto y al gasto público, etc.

La porción del país que abandona todo eso a los mismos hombres que ella mira como los más despreciables e insensatos, da una prueba de ser ella misma más insensata que los locos, menos digna de ser libre que los más viles esclavos

- Apreciación indiscutible Juan, pero aparece un interrogante ¿Qué papel cumple en el desarrollo y destino del país la Constitución Nacional?

- La Constitución Nacional es la carta de navegación de la Nación Argentina. En todas las borrascas, en todos los malos tiempos, en todos los tramos difíciles, la Nación tendrá siempre un camino seguro para llegar a la salvación, con sólo volver sus ojos a la Constitución y seguir el camino que ella le traza para formar el gobierno y para reglar su marcha. Debe destacarse que las constituciones son decretos de los Congresos, y los Congresos de hombres no tienen la facultad de aquel que dijo" Hágase la luz y la luz fue". Las Constituciones Argentinas serán sentencias en que el desierto, el atraso y las cadenas sean condenadas a desaparecer, pero la ejecución de esas sentencias será obra de muchas generaciones, porque no hay Congreso humano que pudiera racionalmente esperar resultados de decretos que concibiesen " Desde la sanción de esta ley quedan abolidos el desierto, el atraso del pueblo y la pobreza del país".

- Volviendo al asunto de la libertad ¿Cómo se logra ser libre?.

- Miguel, Si queremos ser libres, seamos antes dignos de serlo. La libertad no brota de un sablazo. Es el parto lento de la civilización.

La libertad no es la conquista de un día, es uno de los fines de la humanidad, fin que jamás se obtendrá sino relativamente porque la libertad jamás falta a un pueblo de una manera absoluta, y si le faltase absolutamente, perecería, porque la libertad es la vida, la libertad no es impaciente, es paciente, porque es inmortal, es sufrida porque es invencible.

- Perfecto Juan, pero la democracia republicana no aparece como la forma de gobierno adecuada para concretar todo aquello de lo que venimos hablando.

- Querido amigo,  Para todos los sistemas tenemos obstáculos, y para el republicano representativo tanto como para otro cualquiera. Sin embargo, estamos arrojados en él y no conocemos otro más aplicable a pesar de nuestras desventajas. Ahora bien, debe señalarse que la forma de gobierno es una cosa normal, un resultado fatal de la respectiva situación moral e intelectual de un pueblo y nada tiene de arbitraria y discrecional, pues que no está en que un pueblo diga ¡quiero ser república!, sino que es menester que sea capaz de serlo.

Por otro lado, bajo la democracia, todo debe penetrarse de su espíritu: Literatura, arte, lengua, costumbres, usos, trajes, todo debe ostentar un modesto nivel, una cristiana y filosófica armonía.

- ¿Y cómo juega la soberanía del pueblo en el sistema adoptado por nuestra Constitución?

- El fondo de la democracia reside en el principio de la soberanía del pueblo.

La democracia es la soberanía del pueblo. Que la soberanía del pueblo sea inviolable y santa, y nada importa que el pueblo llame al cuerpo o al individuo que le represente rey o gobernador, es una cuestión de nombres, cuestión pueril, indigna de una política sabia.

- Es cierto, pero muchas veces invocando la soberanía del pueblo se han cometidos atrocidades.

- La soberanía del pueblo, Miguel,  es el poder colectivo de la sociedad, de practicar el bien público, bajo la regla inviolable de una estricta justicia.

Así, el pueblo no es soberano sino de lo justo. El pueblo no es soberano de mi libertad, de mi inteligencia, de mis bienes, de mi persona, que tengo de la mano de Dios, sino que al contrario, no tiene soberanía sino para impedir que se me prive de mi libertad, de mi inteligencia, de mis bienes, de mí persona.

Cuando el pueblo o sus representantes, en vez de llenar este deber, son ellos los primeros en violarle, el pueblo o sus representantes no son criminales únicamente, son también perjuros y traidores

- Otra cuestión que me preocupa Juan es la confusión de los gobiernos en la distribución de la riqueza.

-  La Constitución Argentina es la primera que distingue la riqueza de la Nación de la riqueza del Gobierno y que mirando a la última como rama accesoria de la primera, halla que el verdadero medio de tener contribuciones abundantes, es hacer rica y opulenta a la Nación. La Constitución Argentina coloca la Nación primero que el Gobierno.

- Finalmente Juan, se que estás muy ocupado y yo un tipo lleno de interrogantes, pero como última pregunta quisiera que me digas ¿Cuál es tu idea sobre el futuro de nuestra Patria?.

- Sin duda Miguel, nos resta una gran mitad de nuestra emancipación, la mitad lenta, inmensa, costosa. La emancipación íntima que viene del desarrollo inteligente.  La edad de oro de la República Argentina no ha pasado, está adelante, está en la perfección del orden social. Nuestros padres no lo han visto, nuestros hijos la alcanzarán un día, a nosotros nos toca abrir la ruta. Tal es pues la misión presente.

- Chau Juan, gracias por la charla, nos vemos

- Chau amigo, un abrazo, no te preocupes, saldremos adelante.-

(Fuente: Obras Selectas de Juan B. Alberdi, en www.ningo.com.ar/alberdi1.htm)
Actualizado ( Viernes, 27 de Enero de 2012 10:53 )  

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ningoconversaciones con ningo

En una mesa de bar, Ningo y yo charlamos mientras un grabador hace su tarea. Lo que sigue es un extracto de nuestra conversación, en la que él responde mis preguntas en forma pausada y espontánea, casi olvidando el marco de nuestro encuentro.
No todo el material está incluido en las páginas que siguen. En parte porque el eje de esta publicación es la poesía, también porque es ella quien mejor puede hablar de un hombre al que cada tanto se le corta la voz, imprevistamente, en medio de una respuesta. Es en el cuerpo de cada verso y de cada poema donde debe quedar expuesto este ámbito más privado, por momentos gozoso, cada tanto atravesado por el dolor.
Christine Clark.

¿Recordás tus primeros versos?

Yo nunca había escrito poesía. Escribí mis primeros versos para Mary, a la que creía muerta. Nos conocíamos desde mocosos, ella fue mi amor de adolescencia. La encontré después de muchos años, ella era militante y pensé que la habían matado durante la dictadura. La busqué por años y nada, nunca la pude encontrar. Hasta que un día instalan en el juzgado un sistema para la búsqueda de personas. Puse el nombre de ella y aparecieron su dirección y teléfono. De esto hace ocho años, yo ya estaba separado. Llamé, le dejé un mensaje a su hija explicándole quién era yo. Al rato llego a casa y el teléfono estaba sonando: era ella. Se tomó un avión y vino. Todo el mundo conocía la historia, todos sabían que yo la buscaba, y mis compañeros de trabajo ayudaron a prepararle un buen recibimiento: me preparaban comida, me regalaban vinos. Fue una luna de miel, me acuerdo que era agosto y todo estaba nevado. Cuando se volvió a Buenos Aires le escribí un primer poema que por ahí debe andar, llamado «Lobo estepario». Y viajé para entregárselo en mano.

El disparador de tus primeros versos fue ese amor ideal. Este tema parece haber pervivido en tu escritura.

Más que un amor ideal, yo hablaría de un amor nostálgico. La nostalgia de un amor perfecto.

¿Por qué esa escena inaugural, la de un hombre regalando un verso a su amada? ¿Se trataba de un simple gesto galante o la poesía ya ocupaba un lugar en tu vida?

Yo era un lector ocasional de poesía. Sí leía frecuentemente a Alfonsina Storni. Me gustaba el estilo de su rima: esbelta, galante y perfecta.

¿A Mary le gustaron tus versos?

Los hombres somos bastante imbéciles y no tenemos en cuenta la enorme memoria de las mujeres. En especial cuando se han sentido amadas y todo resultó mal después. En el fondo ella estaba enojada por el mandato materno que me decidió a dejarla para casarme con otra mujer. Yo había sido un tipo muy aferrado al deber ser. Respecto del poema, y de algunos que vivieron después, ella tuvo una actitud muy crítica. Realmente no eran buenos, pero ella agregaba algo de desprecio. Me acuerdo de alguna falta de ortografía y de sus palabras: ¿cómo un egresado de la escuela normal puede escribir semejante barbaridad?

¿Y cómo recibiste semejante reacción?

Yo no esperaba su aplauso. Escribí como para marcar un punto de referencia, como para establecer: te encontré. Pero con los años ella fue cambiando esta mirada, supongo que la medida en que yo iba escribiendo mejor.

¿Cuántos poemas llevás escritos desde aquel primero?

Registrados, más de cuatro mil.

Te picó el bicho, más allá de las críticas de Mary.

La poesía es una manera espectacular de expresión. Yo pienso que la poesía está muy relacionada con la personalidad de uno. Si bien yo había sido un tipo sociable, de a poco me fui convirtiendo en un solitario. Mis momentos de soledad son inalienables, imprescindibles, absolutos, exclusivos y excluyentes. Por ejemplo, tomar mate solo, en las mañanas. La pregunta era: ¿qué hago con esta soledad? Entonces empecé a escribir. Para hacerlo tenés que estar solo. Pero poco a poco, esa escritura me sacó de la soledad: los mensajes de la gente a la que le gustaban mis poemas, por ejemplo. Encontré nuevos amigos. Y también, paulatinamente, era como si yo ya no pudiera expresarme en prosa, como si sólo pudiera hablar en versos. Tanto es así que hay un sitio exclusivamente jurídico, neujus.com, donde se publicaban fallos y yo a cada uno le hacía un verso. Y se publicaban juntos. Desde el adulterio hasta el homicidio calificado por el vínculo eran temas de mi poesía. Y me consta que estos últimos cumplían una función docente. Alguna vez dando unas charlas en la Universidad de Buenos Aires encontré que los alumnos los leían.

También te he visto mostrar tu material a la gente común, al paso. Por ejemplo a los mozos de los bares.

Yo pienso que si tengo algo guardado y nunca lo saco, nunca lo uso, no sirve de nada. Más allá de la belleza estética que puedan tener las palabras, creo que la poesía es un instrumento para decir la vida aún en sus aristas más agudas. Vos fijate que Alejandro Cano, un escritor de los más grandes de Colombia al que yo no conocía, un militante social reconocido, me pidió los versos que escribí sobre valores y con ellos armó dos programas de radio que tuvieron mucho éxito. Yo usé esos versos para describir las deficiencias y las mil intrigas del Poder Judicial y del poder en términos generales.

¿Durante cuántos años ejerciste el Derecho?

Cuarenta años. Durante diez fui abogado y los treinta restantes, juez. La Cámara de Apelaciones de Zapala fue mi último destino laboral. Creo que los más importantes fueron los cuatro años que estuve en Cutral Co como juez de primera instancia en los fueros civil y penal. También mi desempeño como defensor de cámara, porque creo que soy esencialmente un defensor penal. Ese fue mi mejor rol.

Hasta ahora has firmado toda tu obra bajo el nombre de Ningo.

En el Paraguay, el nombre Ningo es muy popular y significa «ninguno». Me pregunto hasta qué punto eso tiene que ver conmigo. Esto de ser nadie. En el ámbito familiar, es un viejo apodo que me parece viene de mi madre, aunque no lo tengo del todo claro. Pero lo usé para firmar porque yo soy Ningo. La gente que ha querido y me quiere me llama así.

Parece como el signo de una vida doble. Nunca habrías podido firmar un fallo sino con tu nombre legal; el otro, más privado, pudiste ponerlo al servicio de algo más privado y sentido. ¿Cuáles son los temas que te interesa tratar?

Mis poemas están apegados a la realidad. Me gustan los que tratan sobre la vida, los valores y la necesidad de un equilibrio dentro del orden social. Todo muy atravesado por la utopía también. En verdad es muy difícil que un tipo de mis características se inserte en el mundo. Yo nunca me excusé en ningún expediente porque nunca miré las carátulas. Trabajé sin prestar atención a los nombres, sin dejar que me condicionaran, y a nadie privé de justicia. Ser juez es una tarea dificilísima. No se pueden tener amigos ni compromisos, en especial si pertenecés a una comunidad chica.

¿Entonces tu práctica profesional condicionó tu vida, provocando soledad y retracción social?

Sí. Me jubilé como el juez más antiguo de Neuquén y me fui con un código debajo del brazo diciendo chau. Ni tuve fiesta de despedida. A mi despacho nunca entraron los poderosos, por ejemplo, nunca puse en juego la equidad de mis fallos. Las convicciones no son asunto de palabras sino acciones de todos los días. Mi familia pagó un alto costo por esto y eso es algo que lamento. Muchas de las cosas que he visto y sufrido están en los versos, que para mí son un exorcismo de la maldad que te agobia; también sirven para rescatar lo bueno, lo que te permite seguir viviendo.

¿Cómo se escribe poesía?

Uno no hace una carrera formal para ser poeta: se empieza a escribir poesía y eso que estaba dentro tuyo salta de repente, pum. En el interín habías estado con la mente ocupada en otras cosas: hacer justicia, llevar adelante una familia. Cuando súbitamente estas cosas pasan a un plano secundario, lo otro aparece. Al principio no sabés muy bien qué haces y avanzás como en las ciencias exactas, por ensayo y error.

¿Cómo es eso?

Al escribir dejás que la pluma corra liviana, sin prestar
atención al concepto de lo que escribís. Pero al releer aprendés a corregir, este todo un aprendizaje. La cuestión abarca más que arreglar una coma. Todas las mañanas escribo cuatro poemas. En mi casa, solo y tomando mate. O después, en una mesa de bar, tomando una buena copa.
¿Siempre cuatro? ¿Nunca cinco o tres?

Cuatro todos los días, de lunes a lunes, desde hace nueve años. Este es el desafío cotidiano.

¿Y qué hacés con todo ese material?

Yo escribo a mano, en libretas. Después los paso a la computadora y los subo a mi sitio: www.ningo.com.ar

Pero tu ingreso en la poesía es posterior a otras prácticas de escritura, ¿no es cierto?

Escribo desde siempre. Desde las composiciones escolares, precozmente relacionadas con lo social, hasta mi trayectoria como ensayista. La primera cosa importante de mi autoría fue un artículo sobre la inimputabilidad del ebrio, algo que después se convirtió en teoría jurídica de la mano de Zaffaroni. Tenía menos de treinta años cuando lo hice.

¿Cómo surge lo del sitio? ¿Cuándo nace?

No tenía dónde poner los poemas. Empecé publicándolos en Internet a través de un sitio llamado norpatagonia.com, donde yo tenía un subdominio. Después me independicé con un sitio propio, todo gracias a la ayuda de Mónica que lo hizo posible desde el principio. Ese fue un modo de dar a conocer lo que yo escribía. Me entretenía, era interesante hacerlo. Y sin esperar que sucediera, empezó a posicionarse muy bien en los buscadores. Tenemos un promedio de 4.000 visitas diarias. Esa ha sido nuestra media durante los últimos cinco años. Y lo sorprendente es la cantidad de comentarios que nos deja gente de todo el mundo, siempre sorprendida y agradecida por habernos encontrado.

¿Cómo imaginás a un lector ideal de tus poemas?

Creo que comparte algunos de mis valores morales, filosóficos. Me consta que muchos de mis poemas han molestado al poder político y al judicial. Yo soy un tipo comprometido con la vida, piadoso, y los comentarios de mis lectores se identifican con esto. Me lee gente adolescente y muy mayor, mujeres y varones por igual. Y ojo que el amor tiene que ver con esos valores porque es la antítesis de la violencia. El que le mete un tiro a otro no tiene presente lo amoroso. Y después han surgido cosas curiosas, como cuando escribía versos por encargo. Alguien, por ejemplo, quería regalarle versos de amor a una dama, a un hijo, a una madre. Entonces me pasaban un formulario con todos los datos y así los hacía: siempre es importante saber quién te lo pide y por qué. Esos versos me fueron agradecidos, aunque obviamente llevaban la firma de las personas que los encargaban.

¡Eras Cyrano de Bergerac!

Algo así. Y todavía lo soy, porque dentro de mi sitio hay una sección de poemas por encargo. Claro que esos poemas no se suben al sitio porque se los quedan quienes me los piden.

¿Qué te mueve a publicar este libro?

Internet es muy importante y te brinda multitud de lectores pero la edición en papel te asegura una permanencia. Por eso quise publicar este libro, que tiene un poco de todo e incluye uno de mis poemas más sentidos, «Acaricias». Quiero que algo quede, pretendo hacer una apuesta en medio de tanta cosa gris, de tanta corrupción, de tanta ignorancia. Escribir poesía es una revolución encubierta, para hacerlo hay que jugarse.

La idea de incluir estas conversaciones tiene que ver con una inquietud tuya. Esto de haber firmado por años tus poemas como Ningo, un nombre sólo reconocible en el ámbito más doméstico o cercano de tu vida pero anónimo para el resto. Entonces, cerrando nuestra charla te pregunto: ¿quién es Ningo, que también es Héctor Manchini?

El tipo que piensa que es posible cambiar, aunque todo demuestre lo contrario. Es el tipo diferente, raro, que sufre y a veces no puede dormir. La comunidad te exige que pagues un precio muy alto para pertenecer a ella y yo no estoy dispuesto a renunciar a mis convicciones. Este fue el país de Belgrano, de Moreno, y mirá cómo estamos.

En suma, sos un lobo estepario que edita un libro para acercarse a los demás. ¿Te resulta una contradicción?

No. La contradicción es la esencia de la libertad. Sos libre cuando sos esencialmente contradictorio y sos sumiso cuando sos esencialmente homogéneo. El cambio, el azar, la facultad de hoy decir «sí» y mañana «no» es parte de esa libertad. Este libro pretender ser eso: una pequeña muestra de mi libertad.

(San Martín de los Andes, agosto del año 2009)

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