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Juan estaba ansioso. Tantos años fuera del país, marginado, aislado injustamente de las cosas tan queridas. habían muerto los viejos, algunos amigos, pero su hogar, la vieja casona estaba intacta. La arreglaría, la pondría de punto en blanca y allí viviría el resto de su vida. Faltando un par de cuadro el semáforo que lo detuvo le pareció insolente. Liberado el paso aceleró dobló en la primer cuadra a la izquierda, luego a la derecha y allí a media cuadra estaría su ansiado refugio.

Llegó y no reconoció el lugar quizás se equivocó de cuadra siguió una más y otra, no dio vuelta retornó al lugar donde s su juicio se debía alzar la vieja casa. Era ahí sin duda pero no había casa. Todo era un montos de escombros. Preguntó a un vecino. Le dijeron que una señora - su hermana - la había vendido y construirían departamentos. se mareo y un desmayo lo llevó al hospital más cercano.
Lo atendieron con cuidado. El médico lo derivó a un psicólogo que lo atendió con diligencia.
Juan con la voz quebrada contó al especialista sus desventura. No podía resignarse allí hecho consumado de que la casa no estuviera más.
Era su hogar. Su único lugar en el mundo.
El sicólogo sonrió y le dijo.
- Amigo nada esta definitivamente perdido. Vaya a ver a este señor - le extiende una tarjeta - quizás allí encuentre la solución.-.
Era un ingeniero, y el lugar era cercano al consultorio del psicólogo. Juan llamó a la puerta y un joven sonriente lo recibió amablemente invitándole a pasar.
Juan le contó lo sucedido y su obstinada falta de resignación a perder su hogar.
Jorge el ingeniero le manifestó que tal vez pudiera ayudarlo.
Lo hizo bajar a un sótano y allí se encontró con una enorme y extraña máquina
Jorge bajo una llave y mil luces engalanaron el artefacto.-
.- ¿Y esto? preguntó Juan
- Es la máquina el tiempo. La inventé mientras estudiaba ingeniería y es todo un éxito.
- Y que hace.-
- Te lleva al pasado, al lugar y tiempo que elijas. El problema es que te quedarás allí hasta el día de tu muerte., por siempre.-
- Realmente es así.
- Es así.-
- Y cuanto cuesta usarla.
- Nada. Lo considero un servicio humanitario. Soy un nostálgico incurable-
- Acepto dijo Juan. Que debo hacer
- Solamente siéntate en la butaca del conductor, colócate el cinturón de seguridad, dime donde quieres ir y en que tiempo y allí estarás en un abrir y cerrar de ojos.
Juan obedeció le dijo que quería estar en su hogar, en la casona el diecinueve de enero de 1967 al tiempo de cumplir veinte años.
- Hecho dijo Jorge.
Bajó la palanca y Juan apareció en la puerta de su casa el diecinueve de enero de 1967.
- Tocó el timbre y su madre, la blanca cabellera su sonrisa que le pregunta
- Sí señor ¿Que desea?
-¡Vieja, querida vieja! ¡Soy Yo Juan!
Un abrazó hizo gritar a su madre desesperada, que un loco quería hacerle daño.-
- Salió rápidamente el padre de Juan que lo empuja.-
¡Usted está loco señor! ¡Suelte a mi esposa ya mismo!
- ¡Pero papá! atino a decir Juan.-
-¡Está loco! ratifico su padre
Allí Juan se dio cuenta que sus sesenta y dos años no coincidían con la edad del hijo de sus padres en 1967.
Rápidamente pidió disculpas. y dijo. Perdón la confusión. Es que no ando muy bien, nunca pude superar la muerte de mis padres y a veces caigo en estas irreverencias. Les pido mil perdones.
- Está perdonado señor dijo su madre.
- Mire Señor, le dijo a su padre, por casualidad no tendría una habitación para alquilarme, algo modesto - Juan sabía que la tenían -  no molesto soy jubilado judicial, me dedico a escribir -
- Bueno dijo el padre de Juan Justamente tenemos una pieza en el fondo de la casa con un baño y una cocinita quizás le sirva.-
Sus dos padres lo invitaron a pasar, miró sin ver la habitación, Juan dijo que era lo que estaba buscando pagó el precio pedido y mientras la sonrisa volvía a sus labios después de mucho tiempo su corazón se colmaba de tibieza.