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La fe no es comprobable. Se tiene o no se tiene y si bien carece de sentido discutir sobre motivos y razones, a veces adquiere gran importancia aún para aquellos más incrédulos, que terminan poniéndose en manos de los que ejercen con fervor sus creencias.
Así Raúl, que cruzaba la calle para no pasar por la vereda de ningún templo, acosado por un insomnio invencible y fuertes dolores de cabeza que comenzaban apenas lograba dormirse, acudió a Marisa, dama formada en la fe, estricta en el cumplimiento de sus deberes religiosos, austera, fiel consejera y gran amiga para ver si ella podía hacer algo.
Luego de escuchar atentamente el problema de Raúl. Marisa le dijo:


- Aunque no creas, pedí con todas tus fuerzas que el Hacedor de todas las cosas te dé la paz que tanto necesitas. Sos un buen tipo y Él te va a escuchar.
Esperanzado, Raúl se acostó en su cama esa noche tratando de relajarse y clamando por el fin de sus aflicciones nocturnas.
Por la mañana, echó una mirada al reloj y una sonrisa se dibujó en sus labios: había conseguido su objetivo. Marisa era una genia. Trató de estirarse pero sus pies chocaban con algo; prendió la luz y mientras pasaba sus dedos por los ojos para ver bien escuchó una voz que le decía:
- ¿Y, amigo? ¿Cómo pasó la noche? ¿Descansó? ¿Ningún delegado de Satán vino a molestarlo?
Raúl, asombrado, miró a su alrededor y se vio rodeado por dos ángeles rubios de ojos celestes y piel y alas blancas, y un tercer ángel absolutamente negro con ojos verdes como el mar.
- Perdón, pero ¿quiénes son ustedes?
- Nosotros somos la patrulla celeste y blanca K-120 de rescate a las buenas personas perturbadas por los demonios.
- ¿Y desde cuándo están en mi cama?
- Apenas se durmió, Raúl. La persona que clamó por usted es muy considerada por el Supremo, que rápidamente nos encargó esta misión.
- ¿Y qué sucedió? ¿Por qué pude dormir tan bien?
- Nada de importancia. Dejamos fuera de combate a un par de principiantes de la mala noche y misión cumplida.
- ¿Y no volverán?
- No, el trabajo tiene seis meses de garantía. Cualquier problema llame a este número y la patrulla celeste y blanca K-120 vendrá en su auxilio.
- Cuánto le agradezco. No se vayan, los invito con unos mates con facturas.
- ¡Bárbaro!, exclamo el ángel negro. ¡Cuánto hace que no como facturas!
Raúl fue a comprar facturas y al volver, entre mate y mate los ángeles comentaban.
- Mi nombre es Miguel -dijo el ángel negro-, mis compañeros son Jorge y Eduardo. A pesar que nos falta momentáneamente un integrante somos un buen equipo.
- ¿Tienen mucho trabajo? -preguntó Raúl.
- Habitualmente sí pero hoy es un día excepcional porque juega Argentina y nadie, ni siquiera los mandatarios del mal, quieren perderse a Messi -dijo Miguel.
- Hablando de Argentina, ¿no quieren quedarse a ver el partido?
Los ángeles se miraron y asintieron unánimemente. Así, al mediodía, mientras miraban el partido, comieron unos fideos con un buen vino y Argentina a la cancha. Los ángeles se entusiasmaron y no dejaban de aplaudir cada acción de Messi. Era el único tema de la charla durante el partido. ¡Vamos pulga! ¡Bien petiso!, Messi, Messi y Messi. Gritaron los goles y terminado el partido se aprestaron a marchar.
Raúl fue a buscar unos libros de poesía para regalarles y cuando bajó las escaleras, los tres ángeles aparecían abrazados en el living de su casa, con Messi que se quitaba la camiseta con que había jugado el partido y se la obsequiaba a sus angelicales amigos.
- ¡Si, Messi en mi casa! abrazando a cada uno de los ángeles. Me da la mano, atraviesa la pantalla del televisor, retornando al estadio en Sudáfrica. Desde el césped del campo de juego, con el torso desnudo, nos saluda con la mano derecha extendida. Me estoy volviendo loco –pensó-, esto es un delirio.
- Ningún delirio, todo está bien -dijo Miguel mientras se aprestaba a volar con sus dos compañeros despegando desde la ventana del departamento-. La pulga es el cuarto integrante de la patrulla, toda las noches auxilia junto a nosotros a los vulnerables de esta tierra. Este mundial es una excepción tiene, digamos... licencia. La mano de Dios, que como todos saben es argentino, así lo dispuso y el ángel Diego, nuestro mayor orgullo, llevará a la selección al título de campeón.
¡VAMOS ARGENTINA TODAVIA! gritaron los tres ángeles, antes de lanzarse y volar raudamente hacia el lucero.

 

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