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Carlos bajo del colectivo treinta y siete en la estación Lanús decidido a caminar las veinte cuadras que quedaban hasta llegar a su casa en remedios de Escalada. Necesitaba aire fresco, poner en orden sus pensamientos, charlar un rato consigo mismo, en soledad, mirando el cielo, reclamando al lucero por una solución mágica.
Lo habían despedido del trabajo. Sin vueltas, simplemente el gerente le dijo que ese había sido el último día de labor, que pasara por contaduría, que percibiera su indemnización.


Terrible novedad. Al diablo el casamiento con Rosa, la cuota de la casita que sería su hogar, la ayuda a los viejos, sus estudios.
Una maldita novedad.
¿Qué haría? no había trabajo en ningún lado. Sus conocimientos contables habían sido superados y sus treinta y tres años lo convertían en un hombre viejo para cualquier trabajo de su especialidad según las reglas del mercado.

Sintió un impulso intenso de desaparecer, de volar, de huir.
Entró a su ínfimo monoambiente, dejo el maletín el saco y la corbata en cualquier lado, se desabrocho la camisa, sus ojos buscaban afanosamente la botella de whisky, al encontrarla se sirvió un trago más que generoso. Se dejó caer sobre el sillón, apoyó la cabeza en uno de sus brazos y dejó vagar la mente. La imagen de Rosa se repetía obstinada una y otra vez.
El cansancio y el whisky fueron los causantes de un sueño profundo, intenso que lo alejó de la ingrata realidad. Rosa, siempre Rosa; comienza una ligera inquietud y se ve a sí mismo como una enorme abeja, con grandes alas y ojos desorbitados, vuela, un hermoso y plácido vuelo, desciende en algún lugar con aspecto de jardín., se sostiene en un árbol y se duerme.
Al despertar dos enormes abejas gigantes con una escafandra lo observaban. Una de ellas lloraba y la otra consolaba a la primera.
Emitían sonidos extraños. Comenzó a inquietarse.
Estaba vestido con la misma ropa con la que se había recostado en el sillón de su departamento. Pensó que era una espantosa pesadilla e intentó despertarse pero nada.
Las dos abejas se marcharon. La que lloraba volvió con un recipiente lleno de bolitas de distintos colores. Se las ofreció. Para evitar problemas tomó una, la abeja tomó otra y la ingirió instándolo con su cabezota a que hiciera lo mismo. Lo intentó pero a pesar del esfuerzo el resultado fue la frustración. Sus dientes no podían con ella y tampoco lograba disolverla.
La abeja insistió. Decidió tragarla para no hacerla enojar. Se ahogó, se puso verde no podía respirar.
La abeja salió volando y en un instante volvió con otra abeja con guardapolvo blanco parecía un médico.
Con unas pequeñas patas con escamas trató de examinarlo. Sacó una especie de pinza dilató su garganta y sacó la bola que había quedado atravesada.
Carlos volvió a la normalidad, pero se moría de hambre.
En el ínterin la Abeja volvió a llorar. Carlos busco algo para llenar su estomago. En algo que parecía un árbol encontró algo parecido a hongos. Lo desprendió y los fue masticando lentamente. Eran deliciosos.  Había suficientes para saciar su necesidad de alimento.
La Abeja llorona miraba con atención. Le pareció que sonrió cuando un par de algo parecido a colmillos asomaron por su boca.
La Abeja volvió a salir volando. Volvió con un recipiente lleno de hongos y unos frutos rojos parecidos a la frutilla. Los probó. Muy buenos. La abeja comenzó a saltar y aplaudir con sus manitas con escamas. Salió volando y fue a buscar a la abeja que le consolaba.
Frente a ella le ofreció los hongos y los frutos rojos. Comió uno.
Las dos aplaudían y saltaban.
Súbditamente en su mente se instaló un mensaje:
- Estamos muy contentos hijo que al fin hayas logrado alimentarte. Ya volverás a tu aspecto normal, a tus alas y podrás volver a volar.
-Pensó están locas. Jamás podría volar y este es mi aspecto natural
Nuevamente un mensaje en su mente
- No estamos locas hijo. En todo caso el estará loco - Kolson tu padre - y yo Marka estaré,  loca - tu madre, además ese no es tu aspecto natural. Tu aspecto natural es como el nuestro una abeja macho fuerte y robusta, la más grande y veloz de todas. No sabemos en qué te has convertido pero sabemos que todo pasará.
Carlos pensó
- Y cuando pasará
Nuevamente el mensaje mental
- Cuando puedas decirnos cuál es el problema que aflige tu mente.
- Es tan sencillo el único problema que aflige mi mente es que no tengo trabajo. Que necesito trabajo Un buen y bien remunerado trabajo pensó casi enfurecido.
 Las dos abejas volvieron a saltar y aplaudir el mensaje no tardó en llegar - Aquí en Abejaville hay pleno empleo. ¿Qué quieres ser?
- Gerente de compras en una gran empresa, pensó casi con pudor
- Hecho, dijeron ambas abejas
Dicho esto Carlos siente una serie de convulsiones, se mira y se había transformado en una enorme abeja fuerte y llena de energía.
 Las dos abejas que lo trataban como hijo saltaban y aplaudían
 Carlos abrió las alas y comenzó a volar, un suave y relajante vuelo.
Un sonido intenso despierta a Carlos. Aturdido, asustado, transpirando, inundado en whisky, corre hacia la puerta de entrada del departamento. Una carta certificada con aviso de recibo. Firma mientras el cartero lo mira con curiosidad, Cierra la puerta. Alcanza a distinguir un membrete en el lateral inferior izquierdo. La abre torpemente. A él estaba dirigida y rezaba.
Señor Carlos Rodríguez, luego de examinar minuciosamente su curriculum y comprobar sus brillantes antecedentes esta empresa ha decidido designarlo como Gerente de Compras de la misma; esperamos su respuesta a la brevedad

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